Esta serie de pinturas surge a partir del juego de L, de 3 años. Lo llamábamos “hacer una obra de arte”: el niño se sentaba en el suelo con los canastos de comida de juguete, tomaba uno por uno los elementos y los disponía cuidadosamente a su alrededor. Cuando se terminaban los elementos, realizaba la operación inversa, guardándolos uno por uno. En ocasiones, antes de hacerlo, dejaba que yo sacara una foto con el fin de tomarla de referencia para mi pintura.

Siguiendo el rastro de aquel despliegue fugaz surge esta serie de pinturas que da cuenta de un diálogo espontáneo entre el niño y los objetos, invocando cierta temporalidad inherente al juego. Emulando el modo de contemplación alucinada, abierta, en el tiempo más bien neurótico de la pintura, se distribuyen sobre la tela las formas y los colores detenidos, aquellos objetos ahora doblemente fuera de escala.

El resultado es una nueva disposición, a partir de otro tipo de relación con los objetos, una observación activa y artificialmente cenital de la espacialidad de los elementos distribuidos sobre el plano. Una imagen construida desde lo común del juego paralelo, entre L y yo.

Federico Manuel

S/T (caminando en Plaza Coghlan)

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Barbarie

Frente a la Ocupación militar del Río Negro por el Ejército Nacional el 25 de mayo de 1879, de J. M. Blanes: un perro observa a Julio Roca.